viernes, 2 de julio de 2010

En el Molino de la Abadía de Lebanza

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A la Abadía le envuelve por el sur, una torrentera de agua (con su rio, claro), que a su vez, éste discurre en un cóncavo valle de verdor,y la tromba de frescor que te acorrala a media tarde, hace que el aire que respira uno se vuelva extraño, acostumbrados a la polucion de las ciudades. El choque es significativo.

El Molino, debió ser.... eso, un molino, hoy rehabilitado, en este caso como un chamizo para reuniones campestres, y en el todo la ilustración fotográfica que sigue:



De izquierda a derecha:

1º.- Creo que es Jorge Asensio (Ayudadme a recordar),
2º,Marín Salvador; 3º Carlos Martín, 4º Modesto Arenillas ; 5º Arias, o sea, yo,
6º Obdulio Caminero, 7º Miguel Angel Escudero; 8º Javier Cuesta ; 9º Teodoro Fernandez; 10º Sigi o sea Jose Ignacio, 11º Jesús Guti y 12º Julio Ortega




Como observaremos, este explendido ágape vespertino a base de chuletillas a la brasa, chorizos y pancetas a la misma guisa, fueron preparados por la lujuria de Javier Cuesta, como anfitrión cocinero, para gula de todos nosotros.




El vino , como no había que conducir, pues como dice el Carmina Burana,en una de sus cantatas, IN TABERNA CUANDO SUMUS, Bibit hera, bibit herus
bibit miles, bibit clerus,
bibit ille, bibit illa,
bibit servus, cum ancilla,
bibit velox, bibit piger,
bibit albus, bibit niger,
bibit constants, bibit vagus,
bibit rudis, bibit magus.







Guillermo ayudando con su energia, a Javier, sodomizado por todos nosotros a darle placer atendiendonos....





Jesús en primer plano, Angel Escudero mas al fondo, y ya podeis hacer lo comentarios perinentes a esta fase del dia.

Me apunto a tantas banquete como haya, eso sí, con precariedad en las desmedidas cornucopias que Javi organice, porque el abuso daña al cuerpo. Ya digo con medida avaricia para no sufrir los cástigos de Tántalo.




Mus en Salvador de Cantamuda




Mientras Sigi, Teodoro, buscan caracoles, una vez caidas algunas gotas, otros grupos se arman tras las cartas. Las cartas no dejan de ser simbologias para la estrategias del poder. Cada juego tiene su singular representación social, así el mus, quizás es uno de esas representaciones donde la apariencia, el fingimiento, la astucia son primordiales para las artes de la vida. Y helos aquí, enfrascados entre amarracos, pases, órdagos y envites...







Partidita de mus y relajo del resto

Almuerzo en Nuestra Señora del Carmen

Salimos de Aguilar direccion a Barruelo, con una paradita en la Venta el Coble




Ya en Nuestra Señora del Carmen. Nos encontramos en uno de los restaurante, a un numeroso grupo cantando :
Que vengo de moler morena
de los molinos de arriba
que vengo de moler morena
de los molinos de arriba.
Duermo con la molinera
¡ole, olé, olé
No me cobra la maquila...
¡Que vengo de moler morena!



Grupito de juventud con Carlos, Miguel, Escudero, Teodoro, Damian, Odulio...





















Amadeo Abad, que no es lo mismo que el Abad Amadeo

martes, 29 de junio de 2010

Plaza Mayor de Aguilar de Campoó




El dia 26 de Junio quedamos en seguir alimentando ese afecto velado en el tiempo, o en el anonimato diario de nuestras vidas, o en los destinos ignotos de cada uno de nosotros como el mío, desparecido durantes 43 años.Quedamos en la Plaza de Aguilar de Campoo. Y allí entre la jarana de los actos festejos que ese dia ocupaban la ciudad, ibamos aparecieno.


Julio Ortega,

Llegué a la plaza porticada de Aguilar de Campoo a las 11.30. La algarabía del día de la fiesta tronaba entre portales, al son de comparsas musicales, algunos cohetes y el vaivén de los ciudadanos cruzando la plaza , curiosos y relajados observando los preparativos de la banda, que saldría a recorrer las calles para hacer la llamada a la fiesta.

Había quedado con Carlos Martín, único contacto que tenía, en la Plaza misma de Aguilar. Le llamé para comunicarle que ya había llegado al punto de encuentro. Compré el Público y me puse a repasar por encima los titulares, más pendiente de los transeúntes, y en fijarme si algún grupo de gente de mi edad coincidían en la plaza. Y así fue, después de un cuarto de hora, un grupo de cinco o seis varones, ya hechitos, como yo, aparecieron hablando entretenidamente. Se saludaban y reían. Acto seguido fueron apareciendo uno y otro, así que me levanté, intuí que eran aquellos mis antiguos compañeros, me dí una vuelta alrededor de ellos, intentando oir alguna frase que me ratificara que eran los mismos de la cita, me alejé seguidamente, y les saqué unas fotos. Acto seguido se sentaron en una terraza. Ni corto ni perezoso, me acerqué a ellos y les pregunté:



- ¿Sois vosotros los exseminarista de San Zoilo de Carrión?
Todos me miraron. Me presenté antes que me lo preguntaran cuando me respondieron que sí, que eran ellos.
- ¡Arias, hombre Arias ¡ - Levantaban la voz, al mismo tiempo que se me levantaron para saludarme.
Cuarenta y tres años sin verles. Cuarenta y tres. Según se iban presentando, me iban preguntando si sabía quien era cada uno de ellos. ¡Imposible! No lograba relacionar sus fisicos con sus nombres cuando se me presentaban con fuertes y cariñosos apretones de manos y abrazos.
Cuarenta y tres años sin verles. Recordandoles a muchos de ellos durante mucho tiempo. Yo seguía presentandome uno por uno, con la voz entrecortada, por la emoción y por el impacto del momento, y las lagrimas empezaron a florecer. Una caida en el recuerdo de cuarenta y tres años.




“Hola Arias, soy Julio Ortega” mi memoria revolucionada me colocó en fases desordenadas en diversas épocas y momentos del seminario mientras le recordaba. Y así lo hacía. Me constaba unos instantes, a veces minutos ubicar en el tiempo sus rostros, y sus espectros del pasado en las personas que tenia delante.




“Mira, este es Jesús Gutierrez” “¿Te acuerdas? Con los ojos turbios no me acordaba. Un embargo continuo de alegría y nostalgias me cercenaba la mente y me torturaba, deseando vencer al tiempo e ir participando de emulsiones dormidas en el recuerdo. Tampoco Jesús, podia recordarte. Así uno tras otros, levantados, extendidos sus brazos para saludarme como un hijo pródigo recién aparecido, seguían jugando con mi memoria, “ y ¿a este... Arias, le recuerdas? ¿No? Este es Escudero, tu defensa mas fuerte, el que machacaba al que pillaba. ¿No recuerdas?” No. No recuerdo, no te recuerdo Escudero, me lamentaba, con algunas lagrimas ya corriendo en la mejilla. No me avergonzaba de llorar porque el impacto merecía la pena. Aún escribiéndolo, recordando cada saluda de cada uno de ellos, los ojos se me vuelven mares y tengo que dejar de escribir.
Miguel Angel Escudero. Repetia yo y mirandole fijamente, una silueta antigua comenzaba a aparecer. Entonces, entre tanta confusión, se me apareció en una fotografia que tengo donde está él. Pero no pude decirselo. No me dejaba el pecho, y ...despareció todo el intereés de la plaza que momentos antes habia atraido mi atención. Desapareció. No recuerdo mas que al grupo de excompañeros reencontados moviendo sillas, sentandose y levantandose con muestras de cariño dignas para el recuerdo.






Dubitaciones, congojas sostenidas, aguantadas desde mi plexo, con los dientes apretados e intentando coger aire por la nariz, como si de agallas se tratara para seguir con aquella ruleta de afectos y admiraciones. Escudero a su vez hablaba de pié y me presentaba a Melero, a Teodoro, que su rostro era el mismo que hace 43 años, a Sigi, que no hacía mas que mirarme, y yo despertando de un sueño de recuerdos viendole jugar por el lado izquierdo….