martes, 29 de junio de 2010

Plaza Mayor de Aguilar de Campoó




El dia 26 de Junio quedamos en seguir alimentando ese afecto velado en el tiempo, o en el anonimato diario de nuestras vidas, o en los destinos ignotos de cada uno de nosotros como el mío, desparecido durantes 43 años.Quedamos en la Plaza de Aguilar de Campoo. Y allí entre la jarana de los actos festejos que ese dia ocupaban la ciudad, ibamos aparecieno.


Julio Ortega,

Llegué a la plaza porticada de Aguilar de Campoo a las 11.30. La algarabía del día de la fiesta tronaba entre portales, al son de comparsas musicales, algunos cohetes y el vaivén de los ciudadanos cruzando la plaza , curiosos y relajados observando los preparativos de la banda, que saldría a recorrer las calles para hacer la llamada a la fiesta.

Había quedado con Carlos Martín, único contacto que tenía, en la Plaza misma de Aguilar. Le llamé para comunicarle que ya había llegado al punto de encuentro. Compré el Público y me puse a repasar por encima los titulares, más pendiente de los transeúntes, y en fijarme si algún grupo de gente de mi edad coincidían en la plaza. Y así fue, después de un cuarto de hora, un grupo de cinco o seis varones, ya hechitos, como yo, aparecieron hablando entretenidamente. Se saludaban y reían. Acto seguido fueron apareciendo uno y otro, así que me levanté, intuí que eran aquellos mis antiguos compañeros, me dí una vuelta alrededor de ellos, intentando oir alguna frase que me ratificara que eran los mismos de la cita, me alejé seguidamente, y les saqué unas fotos. Acto seguido se sentaron en una terraza. Ni corto ni perezoso, me acerqué a ellos y les pregunté:



- ¿Sois vosotros los exseminarista de San Zoilo de Carrión?
Todos me miraron. Me presenté antes que me lo preguntaran cuando me respondieron que sí, que eran ellos.
- ¡Arias, hombre Arias ¡ - Levantaban la voz, al mismo tiempo que se me levantaron para saludarme.
Cuarenta y tres años sin verles. Cuarenta y tres. Según se iban presentando, me iban preguntando si sabía quien era cada uno de ellos. ¡Imposible! No lograba relacionar sus fisicos con sus nombres cuando se me presentaban con fuertes y cariñosos apretones de manos y abrazos.
Cuarenta y tres años sin verles. Recordandoles a muchos de ellos durante mucho tiempo. Yo seguía presentandome uno por uno, con la voz entrecortada, por la emoción y por el impacto del momento, y las lagrimas empezaron a florecer. Una caida en el recuerdo de cuarenta y tres años.




“Hola Arias, soy Julio Ortega” mi memoria revolucionada me colocó en fases desordenadas en diversas épocas y momentos del seminario mientras le recordaba. Y así lo hacía. Me constaba unos instantes, a veces minutos ubicar en el tiempo sus rostros, y sus espectros del pasado en las personas que tenia delante.




“Mira, este es Jesús Gutierrez” “¿Te acuerdas? Con los ojos turbios no me acordaba. Un embargo continuo de alegría y nostalgias me cercenaba la mente y me torturaba, deseando vencer al tiempo e ir participando de emulsiones dormidas en el recuerdo. Tampoco Jesús, podia recordarte. Así uno tras otros, levantados, extendidos sus brazos para saludarme como un hijo pródigo recién aparecido, seguían jugando con mi memoria, “ y ¿a este... Arias, le recuerdas? ¿No? Este es Escudero, tu defensa mas fuerte, el que machacaba al que pillaba. ¿No recuerdas?” No. No recuerdo, no te recuerdo Escudero, me lamentaba, con algunas lagrimas ya corriendo en la mejilla. No me avergonzaba de llorar porque el impacto merecía la pena. Aún escribiéndolo, recordando cada saluda de cada uno de ellos, los ojos se me vuelven mares y tengo que dejar de escribir.
Miguel Angel Escudero. Repetia yo y mirandole fijamente, una silueta antigua comenzaba a aparecer. Entonces, entre tanta confusión, se me apareció en una fotografia que tengo donde está él. Pero no pude decirselo. No me dejaba el pecho, y ...despareció todo el intereés de la plaza que momentos antes habia atraido mi atención. Desapareció. No recuerdo mas que al grupo de excompañeros reencontados moviendo sillas, sentandose y levantandose con muestras de cariño dignas para el recuerdo.






Dubitaciones, congojas sostenidas, aguantadas desde mi plexo, con los dientes apretados e intentando coger aire por la nariz, como si de agallas se tratara para seguir con aquella ruleta de afectos y admiraciones. Escudero a su vez hablaba de pié y me presentaba a Melero, a Teodoro, que su rostro era el mismo que hace 43 años, a Sigi, que no hacía mas que mirarme, y yo despertando de un sueño de recuerdos viendole jugar por el lado izquierdo….